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Hace cuatro años dejó la corona de Miss Mundo, pero MarÃa Julia Mantilla sigue siendo una reina sin poses de diva, y hoy es una exitosa modelo. En medio de viajes y campañas publicitarias, ella nos contó sus nuevos planes.Â
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Escribe: Pierina RiofrÃo
Fotos: Christian Salazar
De niña ya vaticinaban que iba a ser modelo, pero ella decÃa que no, que querÃa ser atleta. Después de cuatro años de ostentar la corona del Miss Mundo, a Maju le siguen fascinando los flashes. Por ahora se dedica a viajar por el mundo, pero asegura que quiere ser publicista y estar del otro lado de las cámaras.Â
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–Te volvemos a ver a la cabeza de una megacampaña publicitaria…
SÃ, esta vez soy la representante peruana de la campaña Modelo de Mujer, de Ésika. La idea es que las nueve chicas –a nivel Latinoamérica– que participan sirvan como modelos para otras mujeres, enseñándoles que el maquillaje no es simplemente algo externo, sino que hay que tomarlo como un cambio que ayuda en nuestra autoestima, y que una puede trascender si se lo propone y trabaja a diario para vencer las barreras.
–En tu caso, ¿cuáles han sido?
Durante mi vida he superado muchas, tanto como deportista como en mi vida como mujer. Por ejemplo, yo era un poco pesimista. Si es que un dÃa no hacÃa el tiempo que el entrenador me decÃa, me sentÃa mal. Yo misma me desanimaba. En ese tiempo aprendà que no todos los dÃas van a ser iguales. Entonces trabajé mucho hasta ser campeona nacional. Ese fue un obstáculo que logré vencer. Y lo mismo con el concurso de belleza. Desde pequeña he sido muy tÃmida y la gente decÃa lo mismo. Entonces yo pensaba que no lo iba lograr, pero vencà todos mis temores: trabajé y traté de aprender mucho más para vencer todos los miedos que tenÃa y que la gente de mi entorno me ponÃa sin querer. Ellos pensaban que yo no podrÃa ganar un concurso, el Miss Perú. Entonces, yo quise demostrarles, a mi familia y a las personas que no creÃan, que sà lo podÃa hacer. Ese tipo de cosas cuestan mucho esfuerzo, pero si uno se traza una meta, se puede lograr.
–Como cuando escalaste las montañas en el TÃbet, durante tu reinado…
Creo que esa fue una de las cosas en las que más me he esforzado. Yo habÃa llegado al TÃbet como invitada para apoyar a unos niños con ceguera y nunca habÃa escalado, asà que previamente me fui tres dÃas a entrenar al Pastoruri. Cuando llegué, hicimos una caminata de aclimatación durante dos dÃas. SubÃamos y bajábamos entre rocas, cuando en eso descendà y no flexioné mi pierna, sino que la bajé recta. Escuché un sonido, y dije “¡no, mi rodilla!”, entonces sentà que me empezaba a doler. Cuando regresé de esa caminata me di cuenta de que mi rodilla se habÃa hinchado. Los de la organización se dieron cuenta y hablaron con el médico. Él me dijo “tú no vas a escalar” y le dije “¡pero he venido desde Perú, cómo no voy a escalar!”. No sabes cómo le rogué y de tanto insistirle aceptó. Me puse una venda y empecé a escalar. Para el segundo dÃa ya me sentÃa terrible, me dolÃa la rodilla, me morÃa de sed y me dolÃan las piernas, ¡no podÃa más! Caminando se me caÃan las lágrimas, pero no decÃa nada. Felizmente, luego de tres dÃas de caminata, llegué a la cima. Eso sÃ, cuando llegué a Lima me fui de frente al médico y me operaron.
–¿Cómo era Maju de niña?
Mi hermana siempre me hace recordar que en cualquier juego yo siempre querÃa competir. Cuando me peleaba con ella y nos jalábamos los pelos, ella siempre tenÃa que ceder, ¡yo nunca la soltaba primero! Pero al mismo tiempo, era muy tÃmida. De repente me decÃan algo y me ponÃa roja, o saludaba despacio, como sonriendo. Pero eso sÃ, no era tÃmida en cuestión de hablar en el escenario y en el colegio, los profesores me decÃan “tú tienes una tÃa que se llama Maju que fue Miss Perú, ¿no? Tú también vas a ser Miss Perú, seguro”. Y yo decÃa que no, que no querÃa. “¡Yo quiero ser atleta!”, decÃa (risas).
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–Sin embargo, al terminar el colegio entraste a estudiar Educación, que posteriormente abandonaste.
Es que me di cuenta de que no era lo que me gustaba. Yo seguà Educación por dos cosas: primero, porque mi idea era estudiar idiomas y tenÃa que postular a Educación para ello, y segundo, porque me gustan los niños. Sin embargo, todo el conjunto de cursos que me enseñaban no me animaba mucho. SentÃa que era una carrera muy lenta y no me terminó de entusiasmar. Por eso convalidé cursos en Publicidad, que sà es una carrera divertida y que me gusta.
–¿Y cómo asà te animaste por esa carrera?
Creo que como estoy en ese ambiente y veo cómo trabaja la gente que está conmigo en las producciones de fotos, eso me anima a seguir haciendo esto, ya no delante de las cámaras, sino detrás. Ahora, no he seguido estudiando porque he estado viajando –hago catálogos para Alemania, Bélgica y Suecia, y a fin de mes de voy por tres dÃas a España para hacer fotos–, pero una de las cosas que me gustarÃa es terminar mi carrera. Por ahora estoy aprovechando bastante mis viajes. Estoy tratando de viajar todo lo que puedo, no importa si no descanso mucho. Quiero aprovechar este tiempo al máximo.
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–Hace poco salieron unas fotos tuyas en una revista para hombres. ¿Estabas realmente desnuda en la foto de la sábana?
No estaba desnuda. Era un “desnudo”, asÃ, entre comillas, no como la prensa empezó a decir. Simplemente no fue asÃ… Además, quien tomó las fotos era mujer, la peinadora era mujer. Y como a la mayorÃa los conozco desde hace cuatro años, entonces todos eran amigos mÃos, como que no habÃa nada de que desconfiar. Fueron unas fotos sugestivas, pero muy profesionales. Y como nunca me habÃan visto en esa faceta, un poco que sorprendió. Como modelo, fue algo normal que hice con personas que trabajan competentemente.
–Y cuando dejes esta vida tan atareada del modelaje, ¿dónde quisieras establecerte?
En Perú, pero no regresarÃa a vivir a Trujillo porque es acá en Lima donde están todas las empresas con las que trabajo y el movimiento en cuanto a publicidad se hace acá. Viajar de Trujillo a Lima, y de acá para allá, me complicarÃa un poco, pero ahà está toda mi familia, está toda mi niñez, toda mi adolescencia. Asà que de Trujillo nunca me olvido.
Fuente: larepublica